Me levanté de golpe, con el corazón desbocado, como si acabara de despertar de una pesadilla… aunque sabía que estaba completamente despierta.
Logré esconder la prueba de embarazo justo antes de que Inés pudiera verla.
Mis manos temblaban mientras la deslizaba entre las telas de mi ropa, ocultándola como si fuera un pecado, como si aquel pequeño objeto blanco ardiera y pudiera delatarme con solo existir.
Sentí una presión insoportable en el pecho, una opresión que me robaba el aire. Miedo, rabia, traición… todo se mezclaba dentro de mí hasta volverse casi insoportable.
—¡Vete ahora mismo de aquí! —le grité, con una voz quebrada, desconocida incluso para mí—. ¡No quiero verte!
Inés retrocedió un paso, luego otro, como si mis palabras la hubieran golpeado físicamente. Me miró fijamente, con los ojos muy abiertos, brillantes, sorprendidos… heridos.
No esperaba rechazo. Mucho menos de mí. Durante un segundo, pareció buscar en mi rostro algún rastro de duda, de debilidad, algo que le permit