POV Emma
A la mañana siguiente desperté envuelta en una sensación extraña, una mezcla de calma y fragilidad que no sabía si me reconfortaba o me inquietaba.
Era como si mi cuerpo hubiera descansado, pero mi mente aún caminara sobre terreno inestable.
No fue el sonido intermitente de las máquinas del hospital ni el olor antiséptico lo que me devolvió a la conciencia, sino el calor firme y constante de unos brazos rodeándome, sosteniéndome como si yo fuera algo valioso, algo que no debía romperse.
Abrí los ojos despacio, con cuidado, como si temiera que todo desapareciera si lo hacía demasiado rápido.
Estaba en los brazos de Akron.
Me abrazaba con fuerza, pero no de esa manera posesiva que asfixia o reclama. Era un abrazo protector, casi desesperado, como el de alguien que teme que, si afloja siquiera un poco, podría perderte.
Mi mejilla descansaba contra su pecho y, por un instante, me limité a escuchar. Su corazón latía con un ritmo constante, seguro, tranquilizador, como si quisiera