POV Emma
A la mañana siguiente desperté envuelta en una sensación extraña, una mezcla de calma y fragilidad que no sabía si me reconfortaba o me inquietaba.
Era como si mi cuerpo hubiera descansado, pero mi mente aún caminara sobre terreno inestable.
No fue el sonido intermitente de las máquinas del hospital ni el olor antiséptico lo que me devolvió a la conciencia, sino el calor firme y constante de unos brazos rodeándome, sosteniéndome como si yo fuera algo valioso, algo que no debía romperse.