POV Emma
Los vi irse.
Vi cómo Adrián se alejaba sin mirar atrás, sin detenerse un solo segundo, sin siquiera vacilar. Su espalda recta, su paso firme, su mano enlazada a la de otra mujer. No hubo duda en él. No hubo culpa visible. No hubo conflicto. Ni siquiera una sombra de arrepentimiento.
Ni siquiera le importó que yo hubiera estado a punto de besar a Akron.
Ni siquiera le importó verme ahí, rota, expuesta, con el corazón deshecho a plena vista.
Ese fue el golpe más cruel de todos.
Porque no fue la traición lo que más dolió, sino la indiferencia. El silencio con el que decidió borrarme.
El mensaje implícito de que yo ya no valía ni una explicación.
Sentí el dolor abrirse paso dentro de mí como una herida recién abierta, ardiente, profunda, imposible de ignorar. Era un dolor que no pedía permiso, que no daba tregua, que se instalaba en el pecho y se expandía como veneno por cada rincón de mi cuerpo.
Y entonces… me rompí.
Rompí en llanto.
No fue un llanto bonito ni discreto. No fue s