Al llegar al hotel, Akron me llevó directamente a la habitación.
Me sostuvo con cuidado, como si yo fuera algo frágil, algo que pudiera romperse con un movimiento brusco. Me recostó en la cama y acomodó las almohadas detrás de mi espalda.
—Descansa —me dijo con una voz tranquila—. Voy a preparar algo de comer.
Asentí, fingiendo debilidad. Él salió de la habitación y cerró la puerta.
En cuanto me quedé sola, la máscara comenzó a caer.
Me llevé la mano a la cabeza. Sí, me dolía un poco, pero no lo