POV Verena
Azkarion estaba frente a mí, rígido, impenetrable, como una estatua tallada en hielo. Su sola presencia siempre imponía respeto, incluso temor, pero esa noche el silencio que emanaba de él era distinto. No era autoridad: era distancia. Y dolía más que cualquier grito.
—Azkarion… —mi voz tembló apenas pronuncié su nombre—. ¡No quiero salvar a nadie! No vine por él, no me entregué por nadie más que por ti. Solo quería que supieras la verdad.
Alzó la mirada lentamente, como si medir cada