POV Azkarion.
Al salir, la vi.
Bora estaba siendo detenida. Dos oficiales la sostenían de los brazos mientras ella lloraba de forma histérica, perdiendo por completo esa máscara de mujer segura y manipuladora que siempre había usado. Su cabello estaba desordenado, su rostro empapado en lágrimas, y cuando sus ojos se cruzaron con los míos, me miró como si yo fuera un monstruo.
Tal vez lo soy.
Pero solo ante mis enemigos.
Y ella jamás fue una santa.
Me acerqué despacio, sin prisa, disfrutando cada segundo de su miedo. Se removió con desesperación, intentando soltarse, pero fue inútil. Levanté la mano y le pellizqué la mejilla con odio, con asco, con todo el desprecio que había acumulado desde que supe lo que había hecho.
—¿De verdad creíste que ibas a salir bien librada? —le murmuré, tan cerca que pudo sentir mi respiración.
—¡Azkarion! —sollozó—. Me conoces desde niña… por favor, perdóname. ¡Por favor!
La miré con frialdad absoluta.
—Nunca —respondí sin titubear—. Yo no perdono. Y menos