POV Verena
Abrí los ojos lentamente aquella mañana, como si el mundo pesara más de lo habitual sobre mis párpados. El aire del cuarto me resultó denso, difícil de respirar, y durante un segundo no supe dónde estaba ni qué día era. Todo parecía suspendido en un punto extraño entre la vigilia y el sueño.
Entonces lo sentí.
Una patadita suave, insistente, nacida desde lo más profundo de mi vientre, como un pequeño recordatorio de que la vida seguía ahí, aferrada a mí con una fuerza silenciosa. Mi mano reaccionó antes que mi mente, apoyándose sobre mi abdomen con un temblor leve, casi reverente.
Mi bebé estaba vivo.
Ahí. Dentro de mí.
Ese simple movimiento fue suficiente para hacerme sentir afortunada… y culpable al mismo tiempo. El alivio me llenó el pecho como una bocanada de aire después de estar a punto de ahogarme, pero duró poco.
Casi de inmediato fue desplazado por un recuerdo que me atravesó como un cuchillo afilado, sin piedad.
Inés.
Mi respiración se volvió irregular, corta, como