POV Azkarion
Volví a la habitación donde mi esposa yacía inconsciente.
El simple hecho de cruzar esa puerta me devolvió la presión en el pecho. El olor a hospital, el sonido constante de las máquinas, la luz fría cayendo sobre su cuerpo inmóvil… todo me recordaba que estaba al borde de perderlo todo. Me acerqué despacio, como si temiera que un movimiento brusco pudiera romper el frágil hilo que la mantenía con vida.
Tomé la mano de Verena.
Estaba fría. Demasiado quieta.
La apreté con cuidado, como si a través de ese contacto pudiera obligarla a quedarse, a no rendirse. Me incliné y apoyé mi frente en sus nudillos.
—Vuelve conmigo —murmuré—. No te atrevas a dejarme solo.
En ese momento, la puerta se abrió.
Entró uno de mis guardias. Su presencia me recordó algo que había intentado ignorar: el mundo no se había detenido. La violencia seguía respirando afuera, esperando órdenes.
Me incorporé lentamente y lo miré a los ojos.
—Quiero que cuides a mi esposa —dije con voz baja, peligrosa—. Si