POV Azkarion
Avancé hacia casa con pasos lentos, como si cada uno pesara más que el anterior.
Tenía demasiadas cosas en la mente, demasiados recuerdos empujando desde el fondo, recuerdos que había pasado años intentando enterrar.
Creí que, si los cubría con suficiente silencio, con suficiente rabia, dejarían de existir. Pero llega un punto en la vida en el que ya no puedes más.
Un punto en el que la mente se quiebra y aquello que escondiste comienza a salir a la superficie, no como recuerdos, sino como heridas abiertas.
Me detuve frente al lago.
El agua estaba perfecta, inmóvil, tan serena que dolía mirarla. Reflejaba el cielo como si no existiera nada malo en el mundo, como si el tiempo no hubiera tocado ese lugar.
Me quedé observándola largo rato y, sin poder evitarlo, pensé en ella. En mi madre.
Era tan diferente a todo lo que vino después.
Dulce, amable, con una paciencia infinita. Casi nunca se enojaba, y cuando lo hacía, su voz jamás era cruel.
Era generosa hasta con quien no lo