POV Azkarion
Me vestí con rapidez, con manos torpes, tensas, como si cada botón y cada prenda colocada al azar fueran un reflejo exacto del caos que me consumía por dentro.
El cuerpo me obedecía, pero la mente iba muy por delante, atrapada en una furia que no conocía freno ni lógica.
Cada segundo que perdía me parecía una traición, no al tiempo, sino a la rabia que ardía en mis entrañas como un incendio antiguo.
No me permití pensar. Pensar era dudar. Y yo no quería dudar.
Salí de la habitación a toda prisa, sin mirar atrás, sin recoger nada que pudiera atarme a la calma o recordarme que alguna vez fui capaz de sentir otra cosa que no fuera odio.
No cerré la puerta con cuidado.
La dejé atrás como se deja atrás una vida que ya no importa. La calma no me pertenecía. No la merecía. Y, sobre todo, no la quería.
La rabia me recorría como una corriente eléctrica, subiéndome por el pecho, presionándome los pulmones, apretándome la garganta hasta casi impedirme respirar.
Sentía la sangre golpe