Narrador.
El cabello blanco de Aiden resplandecía bajo los rayos de sol, y sus ojos amarillos miraban hacia todos lados para asegurarse de no ser visto. Harry iba detrás de él, intentando no quedarse atrás.
—¡Aiden, espera! —lo llamó Harry en un susurro ahogado, deteniéndose a tomar aire. Apoyó las manos en sus rodillas—. La señora Maribel dijo que no debíamos alejarnos del patio trasero. Si el rey Seth se entera de que cruzamos el arroyo, nos va a regañar muy feo.
Aiden se detuvo sobre una