A pesar del ataque, mi cuerpo no se sentía débil ni agotado, al contrario, estaba vibrando, lleno de una energía renovada y pulsante que subía por mi columna.
Sentía que podía con todo y que el miedo ya no tenía poder sobre mí. Zoé, con el rostro pálido y desencajado por el desespero y el horror, se levantó tambaleándose para ayudar a su madre a ponerse de pie.
—¡Te lo dije, mamá! ¡Te dije que ella también está aliada con una bruja! —soltó Zoé, señalándome con el dedo acusatorio—. No hay que