—¡Suéltame!
Forcejeé con el hombre, pero me tenía atrapada; por más que empujaba, no sabía cómo quitármelo de encima.
De pronto, él me miró con asombro y, al detallar su rostro bajo la luz del fuego, el corazón se me detuvo. ¡Era el mismo hombre que intentó abusar de mí en el acantilado! El que había provocado mi caída.
Me llené de horror al darme cuenta de que él me conocía.
—Eloise Thorne… ¿sigues con vida? —inquirió.
—No sé de qué me hablas —respondí girando el rostro.
—¡No puedo creer