El espejo de cuerpo entero reflejaba una imagen que me costaba asociar conmigo misma. El vestido había sido confeccionado por manos expertas durante semanas, era una obra de arte.
Hecho de una seda blanca tan suave, caía en pliegues delicados que disimulaban con elegancia la curva ya evidente de mi vientre, donde la nueva vida crecía.
El corsé de la espalda estaba bordado con finísimos hilos de plata, destellando sutilmente con cada
movimiento que daba.
—Estás… hermosa, Eloise —susurró Mari