—¿Dónde estabas? —preguntó Desz.
La desaparición de Furr le agrió el ánimo desde el alba, cuando encontró su lecho vacío. Siguió su rastro y acabó hallándolo junto al río, en la zona donde él mismo lo había llevado a asearse una vez. Estaba sentado en la ribera. Su cabello y ropas estaban mojados.
—Fui a la aldea, al mercado. Todos hablan de lo ocurrido, creen que pueda tratarse de lobos —le contó.
—No quiero que vayas a la aldea. Debemos evitar levantar sospechas si queremos seguir aquí, ¿lo