Reino de Nuante
El sol apenas y se distinguía en el horizonte cuando el cuerpo fatigado de Lis ya no pudo más. Seguía siendo jalada por Desz y estaba por desfallecer.
—Por... Favor... —balbuceó.
Desz detuvo su andar en un claro del bosque. Oía un río cerca y a ninguna criatura que pudiera resultar problemática en los alrededores.
—¡No te muevas de aquí! —apuntó el tronco seco de un árbol caído y Lis no tardó en sentarse o más bien desplomarse.
Andar con esos zapatos tan grandes y mojados le d