—Estoy agotada, Desz, me duele todo y se siente muy bien —decía Lis, sumergida en la tina luego del entrenamiento.
Desz le tallaba la espalda.
—Furr no pudo conmigo —agregó, riendo—. Hasta una bestia debe reconocer cuando alguien supera su razonamiento. No tiene argumentos contra mí, sólo su enojo.
—No importan las palabras cuando alguien no está dispuesto a oírlas. No puedes entablar un diálogo en el campo de batalla, Lis —le besó un hombro y siguió frotándole con delicadeza la suave piel, q