Al abrir los ojos, Lis vio al hombrecillo peludo yaciendo en el suelo, inmóvil a causa de la flecha clavada en su pecho. El resto de las criaturas volvió a sumergirse en la tierra y regresó al bosque de las sombras, no sin antes arrastrar con ellos el cuerpo del que había caído.
De la dirección de donde provino la flecha, un soldado se acercaba. Tenía el emblema de Arkhamis en la armadura, la espada cruzada sobre la pluma. El corazón de Lis se llenó de regocijo y nostalgia al verlo.
—¿Está bie