—Fara, ¿estás bien? —preguntó Alen, viendo a la pálida mujer picando unas verduras que luego echaba en una olla.
Ella asintió, mirándolo brevemente. No sólo su palidez cadavérica era para preocuparse, lucía más delgada y frágil que al llegar. Incluso la había visto dormitando mientras barría la cocina. Y estaba más temerosa también, sobre todo de su señor.
La posibilidad de que el hombre la hubiera lastimado era impensable para él y supuso que se trataba de los malos recuerdos de su antigua vid