Tras casi una semana ausente, el señor regresó, pero no venía solo, una mujer de mediana edad le acompañaba. Avanzó cabeza gacha tras él, con hombros elevados como si intentara ocultar la cabeza dentro de su cuerpo. Y temblaba con cada ademán que hacía el hombre.
—¿Quién es ella? —preguntó Alen.
—Es una sierva que te ayudará en tus tareas. Ella se encargará de nuestra alimentación —contó, extrañamente divertido—. Más tarde ve a la aldea y consíguele algunas ropas.
La mujer llevaba un vestido h