Reino de Balai
Ulster exhaló al bajar del caballo en las puertas de su palacio y vio complacido el suave vapor que salía de su boca, ya estaba en su hogar. Y no había lugar como el hogar, por muy inclemente y frío que fuera. Sólo allí el corazón le ardía, llevando a cada parte de su cuerpo ríos de la sangre más caliente. Balai era su cuna y sería su tumba también.
—Majestad —lo saludó el consejero, con una amplia reverencia—, los preparativos para la gran celebración de esta noche ya están en m