Ante la expresión desencajada del rey, Furr repitió las palabras que resultaban ser una bendición de los dioses que por tanto tiempo lo habían olvidado.
—Tu copero es un Dumas, Ulster, es hermano de uno de mis aliados.
El monarca soltó una risotada.
—¡¿Este absurdo es tu venganza?! ¡El encierro te enloqueció!
—Lo habría hecho si tu copero no me hubiera liberado. ¿Nunca lo sospechaste? Tantos años prisionero y de pronto logro escapar. Incluso me daba sangre a escondidas.
—¡Mientes, m4ldito m