30. la revelacion
El aire en la oficina de Marcel era gélido, a pesar del sol que golpeaba los cristales. La puerta se abrió sin previo aviso, revelando a una Antonia con una chispa de triunfo en la mirada. Su vestido, deliberadamente ceñido, dejaba claro el abultado crecimiento de su vientre.
Marcel se puso en pie de un salto, dejando caer su pluma sobre el escritorio.
—¿Antonia? ¿Cómo te atreves a venir aquí? ¡Estás loca!
Antonia cerró la puerta tras de sí con una calma pasmosa.
—La locura es creer que podías