Los días pasaron y Elizabeth seguía sin encontrar la manera de huir de Xavier; el plan de Vicenzo parecía ser su única esperanza. Aunque Paulina frecuentaba la mansión Montiel con la excusa de discutir negocios con Xavier y llamar su atención, Elizabeth no había logrado tener contacto con ella.
Un día, mientras Elizabeth estaba sentada leyendo su libro, el timbre de la mansión resonó. Uno de los hombres, al reconocer quién era, abrió la puerta. El perfume con aroma a ámbar que Elizabeth ya cono