Parecía que en la mansión Montiel las cosas estaban tomando una rutina diaria. A la mañana siguiente, los gemelos estaban listos justo a la hora de ir al colegio. Elizabeth, a la altura de cada uno de ellos, los miró sonriente.
—¡No hagan travesuras en el colegio! Sean buenos niños —les dijo, mientras les daba un beso en la frente.
Xavier salió de su despacho y, al verlo, los niños se lanzaron sobre él.
—¡Papá! ¿Cómo estás? —preguntó Eithan, quien estaba más emocionado de verlo.
—Muy bien, peque