Los días siguientes fueron tensos para Elizabeth. Si llegaba a ver a Xavier unos minutos en casa, ya era mucho. Siempre estaba fuera, sin dar explicaciones, y apenas intercambiaba palabra con los niños.
Él y sus hombres pasaban el tiempo trazando ataques estratégicos contra Vicenzo, buscando la forma de debilitar su poder.
—Dante, esta misma noche quiero que destruyan ese maldito bar del centro. Vuélalo todo, no debe quedar ni un solo ladrillo en pie, ¿entendido?
—Claro, señor. Aunque... es alg