Unas horas más tarde
En una habitación de un hospital, el sonido de una máquina vital despertó a Elizabeth. Abrió los ojos lentamente, sintiendo un dolor punzante en varias partes de su cuerpo. Su cabeza daba vueltas, y no lograba comprender dónde estaba. Sin embargo, el intenso dolor en su brazo, que estaba cubierto por un yeso, la hizo despertar por completo.
Miró a su alrededor y tragó en seco. Las imágenes de la devastadora explosión inundaron su mente, llevándola a enderezarse de un sobre