NO ERA MÁS QUE UNA VENGANZA.
Cuando Xavier regresó del sótano, las puertas de la mansión se abrieron. Dante entraba con los gemelos, recién llegados del colegio. Ambos tenían el rostro sombrío, y al verlos, Xavier sintió un nudo en el pecho. Llevaban días sin ver a su madre, y era él quien se los había prohibido.
—¿Por qué esas caritas, pequeños? —preguntó con suavidad mientras se acercaba.
Emma evitó su abrazo, y Eithan se apartó.
—Hueles a alguien borracho, papi —dijo Emma con desdén, rodando los ojos antes de subir las