EMPEZANDO A ATAR CABOS PENDIENTES.
—Dante, no podemos seguir permitiendo que ese maldito de Vicenzo se salga con la suya —dijo Xavier, llevándose la copa a los labios.
—Señor, el infiltrado en la policía dice que la situación está complicada. Aunque ese desgraciado cree que estamos muertos, sigue moviéndose con libertad... especialmente en sus negocios.
Xavier lanzó la copa contra el suelo y soltó un bufido.
—¡Entonces que se prepare, porque los muertos también resucitan, Dante! Reúne a todos los hombres que necesitemos. Vamos a