—¡Xavier! —gritó Helena mientras corría hacia él y lo sujetaba del brazo—. ¡Maldita sea, vámonos!
Xavier lanzó una última mirada al cuerpo destrozado de Marcell. El dolor lo atravesó por un instante, pero no había tiempo. Se levantó de golpe y, junto a Helena, se adentró en la mansión. Afuera, los pocos hombres que aún le quedaban seguían resistiendo el brutal ataque.
Los disparos retumbaban por todo el lugar mientras Xavier y Helena corrían hacia el pasadizo secreto. Sabían que escapar de Vice