A pesar de los obstáculos, Elizabeth continuaba trabajando con empeño en el bar, decidida a que la mayor parte de los ingresos provinieran de fuentes legales, alejándose lo más posible del mundo turbio al que Xavier y sus secuaces estaban habituados.
Pero su esfuerzo se veía constantemente entorpecido por la actitud hostil de Helena, que parecía empeñada en hacerle la vida imposible.
Esa tarde de viernes, al llegar para hacerse cargo del turno, Elizabeth la encontró en una escena que no dejaba