Observé cómo los hombres de seguridad llegaron y rápidamente se acercaron a Elijan, sosteniéndolo con firmeza. Mientras tanto, corrí hacia Marcos, quien estaba en el suelo, tratando de levantarse. Noté que comenzaba a toser, y mi corazón se apretó por la preocupación.
—Si lo tocas, lo remato, Alexa... —gritó Elijan, su voz llena de rabia y amenazas.
—Estoy bien, no me ayudes... —respondió Marcos, intentando quitarse la mano de encima y levantarse por su cuenta, aunque la debilidad en su voz