La mujer del Cóndor: 74. Esto a penas comienza.
Regina
El trayecto al departamento fue interminable. Mi mente no dejaba de imaginar todos los escenarios posibles, cada uno más aterrador que el anterior. Cuando Lorenzo abrió la puerta de un golpe, lo que vi me dejó sin aliento.
Esme estaba sentada en el suelo con Michael, jugando a la tacita de té. Su risa resonaba en la pequeña habitación, clara y alegre, como si no estuviera en medio de una guerra. Mi corazón dio un vuelco al verla tan tranquila, pero también sentí una ira incontenible