La mujer del Cóndor: 13. Me encantas, Stravos.
Regina Stravos
Después de una noche de pesadillas y consuelo inesperado, desperté sintiéndome un poco más tranquila. Quizás fue el abrazo de Diego, o simplemente el cansancio acumulado que me obligó a dejar de llorar.
Me arreglé rápidamente y bajé a desayunar, esperando que este día fuera menos caótico que los anteriores. Pero, como siempre, la paz era un lujo en esta casa.
Mientras colocaba un plato en la mesa, Julia apareció como una tormenta, con su característico aire de superioridad.
—Sigu