La mujer del Cóndor: 14. Nadie toca lo que es mío
Michael Foster
La observaba dormir, como todas las noches desde que la traje aquí. Se veía increíblemente hermosa, aún en su descanso. Su cabello dorado caía suavemente sobre la almohada, y su piel, tan suave, reflejaba la luz de la lámpara que dejé encendida. Me quedé allí por un momento, en silencio, observándola. Pero algo me llamó la atención.
De repente, sus labios se movieron. —No, no me toque, no padrino, te lo ruego.
Una punzada de rabia recorrió mi cuerpo al escuchar esas palabras. Mal