El miedo tiene una forma muy particular de delatar a los culpables: los hace olvidar cómo respirar con normalidad.
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El silencio dentro de la sala de reuniones era tan pesado que parecía aplastar el aire. Nadie se movía demasiado, ni mucho menos hablaba.
Solo se escuchaba el leve sonido del aire acondicionado y el roce ocasional de algunas hojas cuando alguien fingía revisar documentos para evitar levantar la mirada.
Valentina permanecía sentada cerca del extremo derecho de la mesa, observand