Capítulo 39. Lo desconocido
ELENA
Sus manos, temblorosas comenzaron a recorrerme con ternura que me desarmó.
Me quitó la ropa con cuidado. Sentí sus labios en mi cuello, en mis hombros, en cada rincón de mi cuerpo.
No pensé en nada. No pensé en nadie. Me dejé querer. Me dejé amar.
En ese instante, no existía el pasado ni el futuro. Solo nosotros. Solo el latido compartido.
Su cuerpo se fundió con el mío, yo lo necesitaba, lo deseaba con cada parte de mi ser.
Y allí, donde podíamos ser descubiertos, me entregué a él sa