Capítulo 40. Moonveil
ELENA
Natalia sacó una manta de su mochila y la extendió sobre nuestras piernas. Me miró con una sonrisa. Yo apoyé la cabeza en su hombro, cerré los ojos, y dejé que el traqueteo del autobús me arrullara.
Pero no dormí. Mi mente no me lo permitió. Pensé en Lycan, en su voz. En su promesa de volver a las cinco. En el croissant de chocolate, en la ducha, en el beso en la frente.
Pensé en cómo me había sostenido cuando lloraba, en cómo me había dicho que nunca me disculpara por lo que sentía. Y m