Capítulo 38. El último beso
ELENA
Una vez sola, entré al dormitorio, abrí el armario y seleccioné ropa que no llamara la atención. Prendas cómodas, discretas. Guardé algo de dinero, documentos y una manta ligera. Lo quería dejar todo preparado para huir al día siguiente.
Miré el reloj de la mesita de noche, las nueve en punto. Perfecto, la tienda de Maelis no abría hasta las diez, así que tenía tiempo de sobra para llegar sin prisas. Cuando de repente escuché el chirrido de la puerta. Di un respingo. ¿Qué demonios? ¡Era