Capítulo 18. El refugio de las hermanas
ELENA
Mis padres estaban sentados en un sofá de terciopelo oscuro. Mi madre tenía los ojos hinchados de tanto llorar, y mi padre mantenía la mirada baja. A un lado, mis dos hermanas, Adriana, con el rostro tenso y los labios apretados, y Natalia, que parecía no saber dónde colocar las manos.
Me detuve en el umbral. Lycan se quedó a mi lado, sin tocarme, pero sin alejarse.
—Elena… —susurró Natalia, y en ese instante, el mundo se rompió.
Corrió hacia mí sin pensarlo. Me abrazó con fuerza, con de