El calor del verano es mucho peor en la ciudad, pero aquí, en la mansión, me paso casi todo el tiempo en bikini tomando el sol y refrescándome en la piscina. ¿Quién me iba a decir a mi que esta sería mi vida ahora?
Con el móvil junto a mi cóctel bien frío, escucho a Gema y Lena al otro lado de la línea, que no paran de hablar por encima de la otra en nuestra llamada a tres. Gema ahora habla mucho de Paul, suelen quedar muy a menudo para ir al teatro, y Lena no deja de quejarse de que se siente sola.
—Encima tu piso vuelve a estar en alquiler —comenta—. A ver a qué loco nos meten aquí ahora.
Me río, pero antes de que pueda responder, el sonido de un coche entrando en la finca me interrumpe. La grava cruje bajo las ruedas, y reconozco el rugido del motor de Dominic. Mi corazón da un pequeño salto, como siempre que sé que está cerca.
—Ha llegado Dominic —digo, incorporándome en la tumbona—. Os llamo mañana, ¿vale?
Dejo el móvil junto al cóctel y me levanto, ajustándome el bikini. El aire