Estoy segura de que soy la comidilla de la empresa. Lo noto en las miraditas, y en las sonrisas cómplices, como si todos supieran que estoy con el jefe. Y no estar de “estar” de que follamos a lo bestia por toda la última planta del edificio; sino estar de que llevamos dos semanas viviendo juntos, que vamos y venimos en su coche juntos, que me he puesto morena de tomar el sol en la piscina y que después de eso volvemos a follar como locos hasta encima de la lavadora.
Noto que lo saben.
—Cuénta