Herida que no Sangra
-Para sanar algo, primero hay que saber dónde está roto. -Dijo Meira, sentándose en cuclillas frente a Lía. Sus dedos jugaban con un tallo de hierba.
Lía sostuvo la taza con ambas manos. El calor se había disipado, pero no la necesidad de aferrarse a algo tangible.
-¿Y si no sé qué es exactamente? ¿Y si está tan enterrado que ya no lo distingo? -Preguntó en voz baja, con una honestidad que le sorprendió a sí misma.
Meira la miró, como si esperara justo esa pregunta.
-Enton