“¿Ruby, estás bien?”
La voz profunda y suave sonó tan cercana. Ruby abrió los ojos lentamente. Su visión era borrosa, pero poco a poco se enfocó en la figura de Erick, sentado al lado de la cama.
Ruby permaneció en silencio. Su memoria aún era un caos: la música fuerte, el rostro de Edward acercándose con una sonrisa pérfida, y luego la patada de aquel hombre misterioso. Su pecho se sentía oprimido.
Erick le tocó la frente con cuidado, pasando una toalla húmeda. “Tienes fiebre. Esa bebida clara