«—¡Ruby Wilson, al fin has llegado!»
Edward se recostó en el sofá VIP del club nocturno, con una copa en la mano. La música retumbaba fuerte, las luces de neón parpadeaban, añadiendo un aura inquietante a su alrededor.
Ruby entró vacilante, con un vestido sencillo que ceñía su figura. Miraba con recelo, las manos apretadas en puños. «No te andes con rodeos, Edward. Dijiste que me dirías lo de mi madre. Esa es la única razón por la que he venido.»
Edward sonrió ladeado y dio una palmada en el as