Raúl miró el plato de carne asada casi intacto y luego alzó la vista hacia la señora Francia, quien esperaba junto a la mesa. Toda la logística de la hacienda respondía a sus órdenes directas cuando se trataba de ganado, empleados o cosechas, pero frente a las necesidades de una niña de cinco años, el gran hacendado se sentía completamente analfabeto.
—Señora Francia —ordenó Raúl, apoyando los codos en la mesa—. Para mañana quiero que mande a hacer de todo en la cocina. Caldos, postres, dulces,