Al día siguiente, el sol del norte de Jalisco se levantó con toda su fuerza, disipando la neblina sobre los potreros. Raúl apenas había podido pegar el ojo en toda la noche; el peso de la rabieta de Emma del día anterior y la inminente cirugía de Daniela lo tenían con los nervios de punta. Se encontraba en el patio delantero, revisando unos pendientes con Gervasio, cuando el tableteo de una camioneta familiar anunció la llegada de visitas.
El vehículo se estacionó cerca de la escalinata princip