—Te dije que sueltes a mi novia, ¡Desgraciado!
—Adrián cometió el error de sonreírle. Creyó que su estatus de novio de la heredera lo protegerían una vez más.
Maximiliano le voló encima como una fiera. Sin advertirle.
El golpe sonó seco, un puñetazo directo a la mandíbula que hizo que la cabeza de Adrián rebotara contra el marco de la puerta.
Él soltó un quejido ahogado, perdiendo el equilibrio de inmediato.
Su cuerpo arrastró una de las bandejas metálicas con instrumental médico, que cayó