—¡Ayúdame, entrenadooor! —Grité al ser arrastrada por la caminadora.
—Paso a paso Arya. No te rindas.
Así fue cada día en el gimnasio, lo que antes era una vía de escape a mi dolor y a esa soledad tan asfixiante ahora es mi hobby.
Iba marcando los días y la cantidad de peso que iba perdiendo y lo logré.
Ahora las miradas de los jóvenes en el gimnasio son graciosas, se les cae baba.
Muchos de los que ahora me miran pasar con mi ajustado traje de ejercicios, antes se burlaban.
—Mi amor, vine a