—Lo que no te perdono es que no lo hayas hecho antes.
Él respiró aliviado y me dio otro beso, más intenso que el primero.
La temperatura era caliente entre nosotros, aunque Max no lo decía yo sabía que me deseaba.
Me devoraba con la mirada, hasta el punto de que se atrevió a darme ese beso tímido.
Tal vez era el ambiente de la elegante tienda, saber que a escasos metros estaban las vendedoras. Pero la situación escaló hasta las caricias.
Él parecía un muñeco de torta, con aquel traje de diseñad